Despedida a Osvaldo
La partida de Osvaldo Beroiza deja un vacío que no se mide solamente en lo político, sino en lo humano. Pertenecía a esa generación que entendió que el futuro no se hereda, se construye. Con esfuerzo, con sacrificio y con una convicción inquebrantable, supo abrirse camino y ganarse un lugar propio.
Fue un hombre del deporte, un atleta destacado que llevó con orgullo cada logro, y un futbolero veloz. Pero también un militante de aquellos que hoy parecen escasos. “Taco” Beroiza, como lo conocíamos, no hacía de la política un escenario de conveniencias, sino un espacio de compromiso real. Transparente, frontal, estudioso de cada tema que debía abordar, defendía sus ideas con firmeza, pero también con la honestidad de quien reconoce errores cuando es necesario.
Su pertenencia al Movimiento Popular Neuquino no era una etiqueta: era una identidad construida en valores, en principios, en una forma de entender la política como servicio. Y en ese camino, también eligió la docencia, otra forma de dejar huella, de formar, de sembrar.
En tiempos donde abundan las evasivas, Osvaldo fue de los que daban la cara. Siempre respondió a mi requerimientos periodísticos, incluso en temas complejos, como el de la cooperativa de energía eléctrica, se plantó con claridad, hizo preguntas, exigió respuestas. No para la tribuna, sino por responsabilidad.
Pero si algo define su legado no son solo sus palabras, sino sus actos. La anécdota lo pinta de cuerpo entero: una madrugada, a las tres de la madrugada, golpeé su puerta por una urgencia en un paraje cercano a Zapala. Atendió en pijamas, abrió su casa, escuchó y resolvió. Horas después, la respuesta ya estaba en marcha. Así entendía la función pública: estar, incluso cuando nadie mira.
Osvaldo Beroiza no solo fue un funcionario. Fue de esos que funcionaban. De los que sabían decir que sí cuando se podía y que no cuando no se podía, sin especulaciones ni rodeos.
Hoy, un correligionario despide a un compañero. Pero más allá de las palabras, queda su ejemplo. Y en tiempos donde la política tantas veces se aleja de la gente, su historia recuerda que todavía es posible ejercerla con vocación, con compromiso y, sobre todo, con humanidad.
El pésame a Morgiana, su compañera, sus hijos y a toda su familia.
Descansa en paz querido vecino.
José Luis Saez
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