El Chancho Rengo Grito Los Goles de España



La voz popular dice que los hombres, después de dar muchas vueltas, siempre terminan en la confitería céntrica zapalina. Como bien escribió el poeta: «entre el humo y el eco de copas ajenas, la noche se consume en un café amargo y la certeza de volver a casa solo».
Algo de esa melancólica rutina se revivió con el inesperado corte de la fibra óptica, provocado por una máquina excavadora que abría la tierra para que el gasoducto lleve calor al crudo invierno patagónico. Las horas pasaban y la señal de internet seguía muerta, justo cuando España y Francia se medían en las semifinales del Mundial 2026.
Sin conexión en las casas, la necesidad se vistió de nostalgia: no fueron pocos los parroquianos que usaron el café como la excusa perfecta para buscar refugio y ver el partido más esperado de la fecha. Los goles de España se gritaron con alma y vida, y el pitazo final arrancó un cerrado aplauso de los presentes que, tras dar las vueltas de siempre, terminamos encontrando nuestro templo en el Chancho Rengo.



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